Por: Sergio De la Cruz
La respuesta a la pregunta que muchos nos hacemos, sobre el propósito y el sentido de la vida, es sorprendentemente simple: se resume en el amor infinito que un ser sobrenatural, Dios, fue capaz de dar. Desde lo más profundo de su ser nació el deseo de crear al ser humano, dotándolo de todo lo necesario para vivir y prosperar. En su inigualable generosidad, le regaló un compañero en el camino, un ser llamado "Mujer", cuya presencia no solo complementaría su existencia, sino que le brindaría compañía, comprensión y amor. Dios concibió la idea de la familia, una unidad en la que el hombre encontraría apoyo, fuerza y propósito, un reflejo de su propia relación con la humanidad.
El Creador no se detuvo ahí. Diseñó los cielos para que el hombre levantara la vista y se maravillara con las aves en vuelo, con el azul infinito. Llenó los mares con peces de todos los colores y tamaños, y la tierra con animales de incomparable diversidad, para que el hombre no se sintiera solo ni carente de asombro. Todo fue dispuesto para que cada rincón del planeta hablara de su magnificencia. Y para que nunca estuviera en tinieblas, le dio la luz del sol que ilumina el día, y un manto de estrellas que destella en la noche, un recordatorio constante de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay una luz.
(Se recomienda leer el libro de Génesis, el principio de todo).
Sin embargo, en medio de toda esta perfección, el hombre cometió un error: desobedeció una instrucción directa de Dios. Y con ese acto, el pecado entró en el mundo. Pero aquí es donde el amor de Dios se muestra en su mayor esplendor. A pesar de la rebeldía humana, su amor no vaciló. En lugar de abandonarnos a nuestra suerte, diseñó un plan perfecto para la redención del hombre, un plan que no solo sería glorioso, sino que sería recordado como el mayor acto de amor jamás escrito en la historia. Este plan involucraba el sacrificio de su hijo, el acto más sublime de entrega y misericordia. Dios envió a su hijo, Jesucristo, a recorrer el camino hacia el calvario, cargando con los pecados de la humanidad, para que el hombre pudiera, una vez más, reconciliarse con su Creador.
(Se recomienda leer sobre el camino al calvario y comprender la profundidad de este sacrificio).
Finalmente, es crucial entender que la Biblia no impone restricciones que limiten nuestra libertad, sino que ofrece consejos llenos de sabiduría para que podamos salvar nuestras vidas, prosperar en nuestros negocios, y vivir en paz con quienes amamos. En ella encontramos la invitación a amar a nuestras esposas con un amor sincero y puro, sin distracciones ni engaños; a educar a nuestros hijos con amor y corrección; a honrar a nuestros padres, y a lo más importante de todo: a aprender el valor de perdonar y ser perdonado. En cada página, encontramos principios que nos ayudan a vivir una vida plena y bendecida, llena de significado y propósito.
La Biblia es más que un libro, es una guía divina que puede transformar la manera en que vivimos y amamos. ¡Créeme, conviene leer tu Biblia! En ella hallarás respuestas, esperanza y un camino hacia la paz que solo Dios puede ofrecer.
JUEZ: Hunter "Patch" Adams, se le acusa de ejercer la medicina sin licencia. Eso es algo muy grave. ¿Sabe ud. que es ilícito ejercer la medicina sin licencia? PATCH: Sí, doctor. Lo sé. JUEZ: ¿Sabe usted que operar una clínica sin la debida licencia podría ser sumamente peligroso para usted y para el público? PATCH: ¿Un hogar es una clínica? JUEZ: Si se ven pacientes y se les da tratamiento, el lugar no importa. PATCH: Defina "dar tratamiento". JUEZ: Dar tratamiento es atender al paciente que busca cuidado médico. ¿Ha estado tratando pacientes, Sr. Adams? PATCH: Vivo con personas que vienen y van. Les ofrezco la ayuda que pueda... JUEZ: Sr. Adams, dígame sí o no: ¿ha tratado pacientes en su rancho? PATCH: Todo el que viene al rancho es un paciente, sí... Y todo el que viene también es médico. JUEZ: ¿¡Qué!? PATCH: Todas las personas que vienen al rancho requieren ayuda física o psicológica. Son pacientes. Y todos los que viene...

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