Por: Sergio De la Cruz
En un día habitual bajo
una hermosa mañana, la brisa parece detenerse, el sol es cubierto por una
enorme nube y todo parece encontrar el completo e inmutable reposo, por otro
lado un Alarife recibe la mañana poniendo empeño para mezclar cemento, cal y
arena, en la acera de enfrente se encuentra un joven que porta con orgullo la
camisa de su centro de trabajo, mientras aguarda la llegada del microbús.
Los chóferes de las unidades
de transporte público realizan modificaciones a los letreros que anuncian la
ruta que deberá seguir, las personas de apoyo invitan a las personas a que
aborden con una peculiar frase: "Súbale, Súbale, hay lugares".
Los vendedores ambulantes
de Tortilla, masa y pozole pelean su derecho a vender más acelerando sus
motocicletas a todo lo que da, en su andar dejan escuchar a 5 el medio a 10 el
kilo.
En otro punto de esta
inmensa ciudad en cada esquina de semáforo los franeleros esperan vehículos
para limpiar el parabrisas esperando recibir al menos un par de monedas.
De igual forma el
ingeniero, arquitecto, trabajador social, periodista y el maestro, también se
dirigen a su centro de trabajo, solo que estos lo hacen con un estilo particular
que las horas en las aulas de estudio les ha enseñado; finalmente todos pelean
por llevar un ingreso para el sustento de sus familias, algunos más otros quizá
menos.
Si la vida es injusta o si
las circunstancias se prestan de todas formas hay que seguir viviendo y hacer
lo que mejor se pueda, desde el nacimiento
la Película comenzó a rodarse y en ella
encontraremos una mezcla de angustias, corajes, éxitos, y demás, con hermosos
escenarios cien por ciento naturales sin tener que cuidar detalles, solo se
vive, solo se espera, como si realmente se tratará de una película en la que
todo y nada tiene ni tendrá sentido.
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