Paliceño o Hecelchakanense, escritor de cuna o de ratos de libre esparcimiento, sus susurros al oído exclaman su profundo amor por sus dos tierras, inmutable en su vida, inmutable en su muerte, algunos exclaman que tal como Pedro Infante él tampoco a muerto, su entereza en la antología de su vida no le permite partir, pues su historia tiene mucho que contar a las generaciones que ahora persisten contra la fuerza del río y a las que pronto vendrán. Estricto pero amable, siempre jefe como le llamaban sus colaboradores pero también amigo, aquel que daba consejos como si entendiera lo que cada uno buscaba, no, no era regaño solo una llamada de atención al seguir en la vida.
Cargos vinieron y también se fueron, la gente lo conocía y era imposible no estimarlo, en el susurro de quienes saben se cuenta que el Campeche Justo y Solidario, así como los 11 Campeches fueron consejos platicados al viento y fue el mismo viento quien decidió hacerles justicia y ponerlos en practica.
El como ningún otro, peleaba la igualdad entre su gente, que bien venia de cualquiera de los 11 Campeches y que sin importar su procedencia el escuchaba y resolvía según sus posibilidades se lo permitieran.
No me fue posible tener la dicha de conocerlo a conciencia pero en aquellas 3 ocasiones que por azares del destino nuestras vidas se cruzaron y gracias aquel amigo en común, nos fue posible intercambiar opiniones fue entonces que pude ver no al asesor, no al político, no al jefe, no al importante ni al influyente sino más bien al amigo, aquel que aconseja, sacude y regaña cuando es debido.
Las palabras no bastan para expresar mi agradecimiento por tantas enseñanzas en tan pocas ocasiones. Me quedo con un recuerdo que ahora comparto fraternalmente:
"Vuelvete el más humilde de todos, aprende a ser oveja entre lobos, escucha todo, razona antes de actuar y vive sin miedo por que el destino siempre nos alcanza.
Descanse en paz, maestro y amigo Don Esteban Rosado.
Comentarios