Por: Sergio De la Cruz.
A lo largo del recorrido de la vida, son tantas las cosas que nos ocurren, como pocas son las que reflexionamos y es que bastaría con tan solo un momento e incluso con unos minutos sería más qué suficiente.
Hoy es 10 de mayo, día en el que muchas hermosas madres festejan en armonía con sus hijos, otras más vivirán la angustia de haber perdido a uno de ellos, algunas les llegaran los remordimientos por haber abandonado aquel pequeño indefenso y desearan con todo el corazón poder correr y abrazarlo, pero luego sabrán que eso no es posible; han tomado una decisión y ahora deben cargar con su peso.
Muchas mamas vivirán este día desde sus lugares de trabajo, sin descanso ni recompensa alguna y es que aunque se piense lo contrario, no todo es dulce en este día, nos encontramos de todo un poco, personas en dicha o en llanto, en el deprimente abandono de un asilo o en el recuerdo de la esperanza de a ver a sus hijos aunque sea tan solo por un momento, algunas madres desventuradas en un lecho de enfermedad esperan ansiosas ser visitadas por sus hijos o nietos ya no importa quien solo esperan ser tomadas en cuenta finalmente debemos tener presente que sin importar la circunstancia en la que se encuentren en la amargura o en la dicha, aun así siguen siendo madres.
Ojala todo fuera dicha pero lo cierto es que no es así algunas madres solteras valoraran la bendición de tener un hijo y planearan su educación a futuro sin olvidar una sola de las eventualidades, otras más lamentaran el haberse embarazado, se insultaran a sí mismas y renegaran del ser que llevan en su vientre, luego entonces pasara por su mente el aborto y con ello se encontraran ante la posibilidad de negarle la vida a un ser inocente, muchas más reflexionaran en este día y olvidaran esa idea absurda de abortar, tomaran conciencia acerca de este maravilloso derecho de ser madres y seguirán el camino correcto enfrentándose sin temor a todo lo que venga solo por el simple hecho de ver crecer sano a su hijo.
En este Día no podemos olvidar que también hay madres en el reclusorio que sin importar las razones por las que se encuentren en esas circunstancias, aun detrás de 4 paredes y unos barrotes de metal, siguen sintiendo la dicha de ser madres, con sentimientos, derechos y la necesidad de recibir una caricia, un beso o un abrazo de ese ser al que llaman hijo.
La mayor cantidad de veces somos ingratos, no comprendemos el esfuerzo de cargar con la educación de alguien más, de procurar su alimentación aun acosta de la suya propia, de mantenerlo aseado para evitar todo tipo de enfermedad posible y es que a veces cerramos los ojos aun si comprendemos pretendemos engañarnos a nosotros mismos pasando ese hecho por alto.
Preparar a un hijo no es fácil, llevarlo de la mano en su recorrido por la vida, se torna la tarea más complicada que pueda existir, algunas personas piensan que llegando el momento de entregarlo a la continuidad de su existencia; la formación de su propia familia, finalmente se ha concluido la gran tarea, pero eso no es del todo cierto y es que aun en esos momento se sufre siendo madre.
Ser madre comienza desde el vientre materno, al tomarlo por primera vez en sus brazos, al sentir ese pequeño y débil roce de su inocente mano, desde el momento en que sonríe, cuándo llora, en su primer evento deportivo y en cada una de sus etapas de crecimiento.
Sin Temor a equivocarme puedo afirmar con todo esta reflexión qué ser madre es un trabajo de toda una vida y en respuesta a ello hemos tomado la decisión de dedicarle tan solo un día al año, ¿Me pregunto si es suficiente? Siempre los hijos estamos ocupados en el trabajo, en el estudio, en su propio hogar, aquellos que han tomado la sabia decisión de formarlo, sea cualquier motivo bajo cualquier circunstancia, lo cierto es que de alguna forma siempre estamos lejos de ese ser querido que ha dado la vida por nosotros, que ha pasado noches en vela, que ha sufrido, que ha llorado, que ha reído con nosotros, tú que estas leyendo estas líneas ten presente a partir de este momento que tan solo basta con una llamada para encender ese corazón de madre, que vive esperando una mirada de ternura, un abrazo de respeto o simplemente una caricia de admiración.
Y si aun crees que tienes la justificación adecuada, para no brindarle unos minutos de tu existencia, recuerda que el tiempo no se detiene ni un segundo, no queda más que aprender aprovecharlo, después no habrá forma alguna de poder recuperar lo perdido.
No pierdas tiempo, ve y haz esa llamada, tomate unos minutos y dedícaselos a tu madre; la persona que te dio la vida.
“Un Joven más entre Tantos”
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