¿Cuánto vale el software que crea un desarrollador?
¿Y cuánto vale el tiempo? Estas son preguntas que todos deberíamos hacernos cada mañana al despertar, porque vivimos en una sociedad que se mueve tan rápido que las semanas parecen días y los días se desvanecen en minutos. Valorar cada minuto de nuestro tiempo es crucial, pero en el mundo del desarrollo de software, esta tarea no siempre es sencilla. A continuación, comparto algunas reflexiones personales, que aunque obvias para muchos, a mí me ayudaron enormemente al tenerlas claras, escritas, y presentes en mi día a día. Espero que a ti también te sirvan.
Me gusta lo que hago
Recuerdo la primera vez que vendí un desarrollo de software. Estaba tan feliz que ni siquiera pensé en las horas que había invertido: el análisis, la consultoría, la instalación, el desarrollo... Todo eso lo veía como parte de mi pasión por programar. Me parecía increíble que alguien me pagara **100.000 pesetas** por hacer lo que más me gustaba. Pasé un mes entero en la empresa cliente, sin importarme trabajar 11 horas diarias y fines de semana. El dinero cubría mis necesidades, y eso era suficiente para mí.
Al final del mes, además de finalizar el desarrollo, terminé solucionando problemas de hardware, reparando correos electrónicos, e incluso arreglando un enchufe que producía un corto circuito. ¿Por qué? Bueno, si tenía cables, claramente era responsabilidad del informático, ¿no? Cuando finalmente me dieron el cheque —tras 90 días— sonreí y, con genuina satisfacción, dije un sincero “gracias”.
¿El programa tiene garantía?
Después de cobrar y terminar la implementación, el director de la empresa me lanzó una pregunta que no había anticipado:
—¿El programa tiene garantía?
Hubo un breve silencio de tres segundos.
—Por supuesto, —respondí con seguridad—. Esto no se estropea, está hecho con Velneo (anteriormente conocido como Velázquez), una plataforma muy robusta.
Lo que no sabía en ese momento era el compromiso en el que acababa de meterme. Durante el siguiente año, pasé mucho tiempo ajustando funcionalidades, haciendo modificaciones y corrigiendo detalles que, según el cliente, yo había analizado mal. Cada vez que intentaba cobrar algo adicional, me respondían con la misma frase: "No te quejes, lo que estás aprendiendo con nosotros es invaluable, y gracias a nuestro *know-how* tendrás un programa excelente". ¿Qué diablos era eso del *know-how*? Me sonaba bien, pero en aquel entonces no comprendía que estaba intercambiando mi tiempo y esfuerzo por nada tangible. Me iba a casa, soñando con lo magnífico que quedaría el programa, pero sin ver recompensado realmente mi trabajo.
Vivir en presente, no en futuro
Unos años después, recibí una llamada de un cliente grande, de esos que todos esperamos tener. Estaba emocionado, pensando que este cliente me sacaría de la precariedad económica. Lo primero que descubrí fue que todas las modificaciones que había hecho gratis para mis clientes anteriores no valían para nada. La funcionalidad que este nuevo cliente necesitaba era completamente diferente. Aun así, me dijeron las palabras mágicas:
—No te preocupes, desarrolla el programa para nosotros, y tendrás un producto perfecto para venderlo a todo el sector. Con nuestra referencia, se te abrirán todas las puertas del mercado.
Claro, pensé. El futuro brillaba con oportunidades ilimitadas. Me ofrecieron 30.000 euros en lugar de los 60.000 que yo había presupuestado, pero acepté sin pensarlo demasiado. Esos 30.000 euros me permitirían seguir tirando unos meses más, contratar empleados y hacer crecer mi negocio. Lo que no entendía entonces era que vivir pensando en el futuro, soñando con lo que podría pasar, me alejaba de valorar lo que estaba pasando: mi tiempo, mi trabajo, mi presente. Con el tiempo, aprendí que para prosperar en el desarrollo de software, hay que vivir en el presente. Valorar el tiempo y cobrar por él, sin esperar que el futuro nos salve.
Lecciones para valorar tu tiempo y trabajo
Después de muchos años en el desarrollo de software, he aprendido algunas reglas que me han funcionado. Aquí las comparto, por si te resultan útiles:
1. Ponle valor a tu tiempo
Decide cuánto vale tu hora de trabajo. Puede ser 40€, 60€ o 300€, lo importante es que creas en ese precio y seas capaz de defenderlo ante cualquier cliente. Ese es el primer paso.
2. Controla cada minuto
Si decides valorar tu tiempo, debes saber a dónde va. Una hoja de cálculo sencilla es suficiente para empezar a registrar cada actividad del día. Tu tiempo es tu mayor recurso, y debes controlarlo con precisión.
3. Saber decir "NO
La estrategia empresarial se basa en definir lo que no vas a hacer. Si pones tu tarifa en 40€/hora y un cliente te ofrece 35€/hora, debes saber rechazar esa oferta. Decir "no" demuestra que crees en el valor de tu tiempo y tu trabajo, y ese es uno de los cierres más eficaces en una negociación.
4. Rentabilidad vs. Trabajo
No te obsesiones con llenar tus días con 14 horas de trabajo. Es mejor trabajar 4 horas a 60€/hora que 8 horas a 30€/hora. Al final, ganarás lo mismo y tendrás tiempo para pensar y mejorar tu negocio.
5. Aprovecha tus herramientas
En el caso de Velneo, es una herramienta más rápida y eficiente que muchas otras. Eso debería darte una ventaja competitiva, pero solo si la usas bien. No bajes tus precios solo porque puedes hacer las cosas más rápido.
6. Valora tus licencias
No ofrezcas tus licencias a costo cero. Piensa en el valor de tu tiempo y en el esfuerzo invertido. Asegúrate de que cada licencia refleje el trabajo y las horas que has dedicado al desarrollo.
7. Mantenimiento
El coste del mantenimiento no tiene que ser un porcentaje fijo del proyecto. Dependerá de las horas que realmente inviertas. Véndelo como un seguro para el cliente, y asegúrate de que lo vea como una inversión, no un gasto.
Conclusión
La clave en el desarrollo de software —y en cualquier negocio— es entender que nuestro tiempo es nuestro recurso más valioso. No se trata de trabajar más, sino de trabajar mejor y ser justos con lo que cobramos. Al final del día, somos empresas de servicios, y debemos llevar un control exhaustivo del tiempo, porque ese es nuestro mayor activo.
Espero que estas reflexiones te resulten útiles y te ayuden en tu propio camino. Muchas gracias por tomarte el tiempo de escucharme (o en este caso, de leerme).
Atentamente,
Alfonso Rodríguez, Desarrollador
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